lunes, 9 de junio de 2008

08 de Junio del 2008 3:20 pm "Hora misericordiosa"

"La luna oscurece, mientras el alma asciende, el sol brilla al compás de la ladilla, el alma abre los ojos y observa la dulce vida, la muerte como doncella a la vida se acerca - soy la muerte - se presenta con voz melodiosa - y yo la persona que el alma te otorga- La muerte danzando se acerca a su presa y éste embobado con su boca abierta, ningún miedo, ninguna pena, sólo el alma que del cuerpo se despega"


Era de noche mientras yacía en la cama, el cuerpo ya había tomado independencia pues no lograba que su cuerpo le respondiera. Su voz sólo era un susurro y a penas se lograba escuchar gemidos y gruñidos de dolor. La tristeza e impotencia corría por las venas de aquellas personas que no lograban comprender lo que él con tanta urgencia les trataba de decir. Su ego y fuerza se vieron aplacados por la edad y enfermedad, hasta el punto de no ser capaz de comer por sí solo. Llantos de sus familiares, preocupaciones y dolor del enfermo era lo que reinaba en esa casa. Los días fueron pasando y los meses fueron llegando. Hasta que una tarde de fin de semana la muerte vestida con sus mejores galas, su cabello blanco, largo, liso y sedoso, sus ropas entalladas y largas color negro azabache... negro como la noche... sus ojos negros y profundos, vacíos y tranquilizantes y su piel blanca como la virgen nieve, decidieron aparecer ante el anciano en su cama.
-No te asustes- Se le escuchó susurrarle al ver al hombre tendido en su lienzo - Yo seré tu guía en este camino, toma mi mano y no la sueltes hasta que llegues al lugar del juicio - La muerte tendió su mano, su rostro inexpresivo le dió tranquilidad al anciano quien después de ver esos profundos ojos negros pozó su mirada sobre aquella pálida mano; no dudó y se sentó, algo que él no había podido hacer por su cuenta desde hacía ya mucho tiempo. Lentamente comenzó a quitarse todo lo que no fuera suyo, los cables, los parches, todo lo que no fuera parte de él. La muerte paciente, aún mantenía su mano en el espacio. El anciano tomó su mano y por fin sus pies tocaron el piso, el cual no se sentía ni frío ni caliente. La muerte lo comenzó a dirigir pero él se detuvo a unos pasos de haber comenzado a avanzar.
-¿Qué pasará con mi esposa? - Preguntó preocupado - ¿Qué pasará con mis hijos?- Se dijo a sí mismo - ¿Y mis nietos? - Sus ojos comenzaron a derramar lágrimas. La muerte lentamente se acercó a él y lo rodeó con sus fríos brazos.
-Ellos estarán bien, deben de ser fuertes-
Me quiero despedir - Suplicó el anciano viendo con tristeza los ojos de la muerte quien negó lentamente.
-Es hora de marcharnos, tu lugar ya no está aquí-
-Los quiero y los cuidaré- Le susurró a la anciana que estaba en la cocina pensando precisamente en él y así la muerte recorrió el camino con el anciano hacia el edén.

           El dolor y las tristezas se acabaron y la paz del alma del anciano llegó hasta el tierno y misericordioso abrazo del señor nuestro Dios.


*Descanse en Paz el Señor Plutarco Ceseña Graciano* Una persona que nunca olvidaremos y que siempre lo recordaremos como alguien fuerte y decidido.

2 comentarios:

Koutaro Heiwajima (carlos valencia) dijo...

ke onda niña linda bueno pos aki dandome una vueltesita en tu blog bueno pss nada mas saludandote y para decirte kreo ke nadie podra igualar a tu extensa escritura jeje no te estoy regañando me gustan tus escrituras y pues este heeeemmmm.... ya tbm publique algo en mi blog bueno sensei nos vemos

sayonara laurita-san

muppet =3

Nayid dijo...

Estaras bien, el también.
Te quiero Laura.