Otra gélida noche había pasado desde que fui transformada… desde que nací… otra vez…
Mi madre de nuevo leyendo esos libros de shakespeare, le apasionaban mucho las historias que ese sujeto había escrito… su favorita era la de Romeo y Julieta.
-Somos tu padre y yo - me decía con una hermosa sonrisa mientras hacía un dibujo en lienzo de mi padre, vestidos ambos con esos trajes de la época medieval. Los dos de hermosas facciones y blanca tonalidad. Su figura sigue siendo la de una niña de entre 18 y 21 años de edad y mi padre figura la edad de un apuesto chico de no más de 22 años. Creo que cuando "nació" tenía unos 18 años. Aún me son confusas las respectivas historias de mis padres, y no se digan de mis abuelos y tíos quienes han decidido no tener hijos por el momento. No me enoja para nada el hecho de que me hayan elegido para ser su hija ya que lo considero un honor, pero no sabía que esta vida podía ser extremadamente aburrida y agobiante.
-Madre, ¿me darías permiso de recorrer el mundo? - Yo sabía que a mi madre le aterraba la idea de separarse de mí, además, tenía miedo de que yo infringiera nuestra ley… más bien la ley que estableció mi abuelito Carslile de no alimentarnos de sangre humana. Sí era difícil cumplirla, ya que oler esa tibia y llameante sangre, corriendo desenfrenada por las venas de las personas, como huyendo, hacían que se me hiciera agua la boca, sin embargo al ser mezcla de "eso" otro, como que lograba contener mis ansias de cazar. Mi padre aún no me creía preparada para asistir a la escuela y que interactuara con otros chicos de mi… bueno… con otros chicos que tenían la edad que yo aparentaba. Todos teníamos cosas que fácilmente nos diferenciaban, las pocas características que lograban hacernos pasar por familiares eran nuestros ojos y nuestra tez pálida con esas espantosas ojeras, que no importaban mucho ya que no lograban opacar la belleza que nos regalaba… bueno…aún no sé porque se nos dio el don de la belleza y la verdad no eh profundizado en el asunto, lo único que sé, porque mi tío Jasper me lo dijo, fue que éramos atractivos para los ojos de nuestras presas. "Lástima que no los cacemos" pensé.
-¿Por qué quieres viajar? ¿No estás a gusto aquí? - Me preguntó mi madre preocupada mirándome impresionada con esos ojos ambarinos que destellaban sensualidad. Si fuera un hombre humano creo que me estuviera derritiendo por esa mirada la cual no tiene efecto sobre mí. Había detenido su costura de alta calidad, ya que en tanto tiempo, pudo perfeccionar sus habilidades para muchas cosas.
-No mamá, es sólo que… -
-Estás aburrida - Mi padre, un hombre completamente guapo se acercaba grácil mente hacia el costado derecho de mi madre quien de sus ojos ambarinos centellaron amor al tenerlo cerca. Como siempre, mi padre había terminado lo que yo había empezado a decir. A veces no me gustaba que supiera lo que estoy pensando, era… algo incómodo.
-¡Papá!- Lo regañé con las claras intenciones de jugar un rato. - ¡Sabes que no me gusta que leas mi mente! Eso es de muy mal gusto. - Mi sonrisa delataba mi engaño por lo que mi papá, con una sonrisa maliciosa entrecerró los ojos tratando de ahondar más en mis pensamientos… o… por lo menos eso supongo.
-Por lo menos no tienes a ningún enamorado - Me dijo sonriéndome más como burla que como juego- Era de esperarse… aún eres muy joven para esas tonterías. - Mi padre era completamente accesible y sabía escucharme, pero a veces, para jugar y hacerme enojar, tomaba esa actitud tan… humana… de los hombres de los siglos pasados.
-¿Tonterías? - Repuso mi mamá con una sonrisa tratando de pasar como dañada por ese simple comentario. - Pues cuando andabas tras de mí no eran tonterías…- guardó unos segundos de silencio mientras sus grandes ojos se posaban en los expectantes de mi padre los cuales cada vez que la tenía cerca, sin poderlo evitar, flameaban de pasión. Al parecer un placer que para mí era muy inusual para mí padre era de completa satisfacción al hacer enojar a mi mamá, esperando su siguiente reacción, ya que mi madre era la única persona a la cual no podía leerle sus pensamientos. ¡Suertuda ella!
Los minutos fueron pasando… como si fuera de real importancia… pero no soportaba verlos así, tan melosos… y sólo nosotros tres… sentía como si hiciera un mal trío o algo por el estilo, por lo que para llamar su atención, hice un sonido con mi garganta.
-¿Y si la mandamos a la escuela?- Preguntó mi papá una vez que salió del embelezo provocado por mi madre, haciendo esa pregunta con una mirada emocionada la cual rápidamente se me contagió.
-¿Es enserio?- Si mi corazón latiera supongo que estaría velozmente palpitando.
-Mmmm…. ¿estará lista? - esa pregunta fue echa de mi madre para mi madre. Por lo regular cuando le preocupaba algo, hablaba consigo misma, encerrándose en su burbujita, pero siempre estaba mi papá presente para atraerla a nosotros.
-Mi amor… - le dijo con un susurro al oído, tan lento y sensual que hizo que mi mamá se ruborizara un poquito. - ¿Quieres que…. - lo demás fue incomprensible para mí. Siempre que mi papá le susurraba algo a mi mamá a tal velocidad que yo no podía entender, porque aún no dominaba bien las nuevas habilidades del oído, mi mamá se ponía nerviosa y me miraba constantemente como si me hubiera enterado de un secreto que nunca debía de haber oído.
-¡Cariño! No digas eso- Le dijo dándole un delicado golpe en el hombre completamente ruborizada logrando que mi papá se llenara de éxtasis al tenerla así ante él.
-Saben que no me gustan que hagan eso… - dije mientras cruzaba mis pálidos brazos- Por lo menos no cuando yo esté presente- Mis padres se regalaron miradas cómplices seguidos de risas maliciosas por parte de mi padre y risas nerviosas y entusiasmadas por parte de mi madre.
-Mañana veremos lo de tu escuela - Comentó mi mamá regresando al tono sereno que tenía momentos anteriores.
-Pero tienes que prometer mantenerte al margen y tomar sólo cuando estés acompañado de algún familiar vegetariano - Ese chiste no me hacía gracia de ninguna manera, pero como era un chiste estipulado desde mi abuelito, yo sólo tenía que seguirle la corriente.
-Sí, lo sé - les dije mientras sonreía y salía de la habitación. Al salir, me encontré con mi tía Alice que era con quien más me llevaba. -Hola tía - le saludé efusivamente - ¿Sabes la buena nueva? - Su mirada inexpresiva y tranquila me hizo recordar que a ella no le afectaban muchas cosas ya que sabía con anticipación que sucedería - Ah…. No me digas - le detuve antes de que dijera palabra - Ya lo sabes - le dije con un claro tono de decepción.
-No, ¿Qué pasó, Rose? - Me preguntó mintiendo para hacerme sentir mejor, por lo que entrecerré mis ojos mientras la miraba con un claro toque de "Ya sé lo que haces" pero aún así, le contesté.
-¡Voy a ir a la Preparatoria! - Mi tía sonrió y me extendió su abrazo.
-Estoy muy feliz por ti Rose, entonces ya sabes lo demás - Afirmó mi tía tranquilamente mientras me soltaba de su abrazo y me miraba. Ella era muy sobre protectora, no tanto como mi mamá, pero lo era, decía que como mi mamá siempre ha llamado a los problemas, soy una posible candidata a tomar su lugar.
- ¿Lo demás? - Pregunté bobamente. Al ver mi expresión de sorpresa, mi tía comenzó a incomodarse.
-¿Edward no te lo mencionó?
-¿Qué cosa? - Pregunté preocupándome cada vez más.
- Alice - Le llamó mi papá. "Salvada por la campana" pensé mientras ella ligeramente, como bailarina, volaba en dirección a la habitación de donde yo había salido, no sin antes haberse despedido con una leve sonrisa y una expresión de disculpa en sus ojos.
¡Genial! Ahora me había quedado con la curiosidad de saber que es "lo demás".
Ya que me encontraba en mi cuarto, comencé a jugar con una pelotita de tenis que tenía mi tío Emmet. Uno de mis talentos era que no necesitaba tocar las cosas para moverlas, yo utilizaba algo llamado Telequinesis. Obviamente mi control sobre los objetos aún no estaban bien estructurados, solo podía mover objetos pequeños como pelotas, piedras, televisores pequeños, etc…
-No tiene caso que le dé muchas vueltas al asunto - me decía a mi misma mientras hacia mover de un lado para otro la pelotita
- Vamos Rosemeir, ¡arriba ese ánimo! - Era mi tío Emmet, siempre tan efusivo. Él era un chico muy corpulento pero muy entretenido.
-Los tengo arriba - dije en un tono sorpresivo ya que me había tomado en mis momentos de meditación, haciéndome perder el control de mi pelotita la cual fue rebotando hasta llegar a sus pies.
- Wow! No te quiero ver con los ánimos en el suelo - dijo riéndose de su propio chiste el cual sólo me hizo esbozar una sonrisa. - Vamos, voy a cazar y quería saber si querías acompañarme - Me preguntó mientras tomaba la pelota del suelo y la apretaba cuidadosamente entre las palmas de sus manos haciendo sobresalir un poco sus músculos. A mi tío siempre le gustaba presumir su musculatura.
- Mmmm… está bien, además, como dentro de poco voy a ir a la preparatoria, supongo que debo de estar satisfecha para entonces. - Esperaba que mi tío se sorprendiera ante mi comentario pero…
-Ok, entonces está decidido, vamos - me dijo mientras salía de mi habitación.
¿¡ACASO ESTABAN LOCOS!? ¿Ahora ya todo mundo tenía el poder de mi tía Alice? ¿o era acaso que mis padres ya se lo habían comentado a todo mundo sin darme el placer de comentarlo yo? ¡Era Inaudito!
Me levanté de mi cama y me dirigí hacia la salida de la gran mansión donde mi tío Emmet me esperaba con impaciencia y un brillo espectral en sus ojos negros, turbios por la excitación de la caza. A mi familia, más a mis tíos Jasper y Emmet, les gustaba salir a cazar conmigo, ya que gracias a "esa" mordida logré obtener poderes de cacería más instintivos que ellos y encontraba a los osos más feroces que se encontraban en los alrededores del bosque de Goat Rocks. Algo que era de ley para nosotros tres, era jugar carreritas, la emoción y agitación de la carrera nos hacía entrar en calor más rápidamente para la cacería. Al salir de la mansión mi tío se puso en posición.
-¿Lista para que te gane? - Me pregunto con una sonrisa en sus labios.
-Ja! Ya lo veremos tío, la última vez gané yo. - Le dije poniéndome en posición a un lado de él. Mi tío soltó un gruñido y echamos a correr.
Íbamos a mitad del camino cuando me llegó un olor extraño, dulce pero turbio por lo que me desvié del camino.
-No se vale tomar atajos - Me gritó mi tío Emmet - ¡Aún así te voy a ganar! - Me volvió a gritar, regresando su atención al camino. En mi caso, me había desviado hacia donde provenía ese olor. Corrí y corrí hasta llegar a un claro bosque en donde se encontraba un gran árbol en medio de toda esa "nada". Yo permanecía sobre las ramas de un árbol, escondida de la luz del sol porque mi abuelita Esme me había advertido de no dejarme tocar por el sol mientras no estuviera con ellos. Agudicé mi vista tratando de encontrar ese olor tan extrañamente divino. Mi frustración iba cada vez en aumento, no podía percibir nada más que ese extraño olor.
-¿Por qué estás hasta allá arriba? - Escuché una voz de varón que provenía desde las raíces del mismo árbol en el que estaba parada. Giré velozmente mi vista para hallarme con unos ojos encantadores color azul turquesa, llenos de transparencia y amor, pero al verlos detenidamente se miraban turbios y preocupados. - ¿No me vas a hablar? - Preguntaba ese chico con voz suave mientras se sentaba en la base del árbol y cerraba sus ojos y en un segundo yo ya me encontraba enfrente de él, parada a un árbol de distancia, completamente inmóvil, respirando lentamente para tratar de confirmar si él era el que despedía tan grato aroma. - Hola - me saludó al momento que esbozaba una cálida sonrisa y me miraba otra vez con esos ojos turquesas. -Me llamo Kieth - Se presentó al ver que yo no hacía ningún movimiento. - Tú te llamas...-
-Rosemeir Cullen - No sabía porqué le había contestado, pero… él se había presentado primero… era normal que yo también lo hiciera… ¿o no?
- Que bonito nombre Rose -
- No te permito que me digas Rose - Le señalé con un tono de disgusto en mi voz- Sólo se lo permito a mi familia.
- Ya veo… entonces te llamaré Rosemeir. - Su sonrisa me estaba conquistando, sentía raramente que quería ahogarme en su abrazo y un extraño deseo cruzó por mi mente… se me había antojado besarlo…
Al tener el poder de la seducción por ser vampiro, no había ningún problema en conseguir ese beso, por lo que utilicé todos mis medios para hacerlo caer pero él ni se inmutó.
-No es tan fácil como crees- me dijo mientras me sonreía, siempre guardando esa distancia que había puesto al bajar del árbol - No soy chico fácil - me dijo con una sonrisa juguetona y retadora. Sabía bien a qué se refería, ya que obviamente él se había percatado de mi intento de seducirlo, el cual, supongo que lo hice terrible para que se hubiera dado cuenta. Mi tía Rosalie se iba a sentir muy decepcionada cuando le cuente que no lo pude atraer. *sigh* Solté un suspiro al pensar en cómo se iba a poner mi tía Roselie y por esa pequeña distracción, no me di cuenta de cuando se había puesto detrás de mí.
- Eres mucho más bonita en persona - Su aliento era cálido, casi podría decirse que me quemaba mi lóbulo izquierdo, pero esa voz tan suave y seductora hicieron que una energía electrizante recorriera mi espina dorsal. ¡Mi tía Rosalie iba a estar más decepcionada que nunca si le decía que quien ahora jugaba a seducir era él! ¡No! Definitivamente de esto no se iba a enterar mi tía.
-¡ROSE! - oí que gritaban mi nombre - ¡ROSE! - y ahí estaba de nuevo, era mi tío Emmet que me buscaba, me giré para advertirle a Kieth de mi tío pero éste ya no estaba. Había comenzado a pensar que quizás fue mi imaginación pero a mis pies vi un pluma, quizás de algún pájaro que pasó por ahí. - ¡Rose! ¿Dónde demonios te habías metido? Tú sabes que tu padre me mata si te pasa algo- me dijo dándome una palmadita en la cabeza en forma de castigo y de consuelo al mismo tiempo.
- Lo siento tío, es que...- dude un momento en comentarle lo ocurrido a mi tío, él no era el indicado de enterarse primero - de pronto se me fueron las ganas - mentí tratando de mirar a otra parte.
-Entiendo… pero debes de beber algo… si no tus padres no te dejarán ir a la escuela… tú quieres ir o ¿me equivoco?
-¡Claro que quiero ir!- dije un poco molesta por aquel comentario
-Pues vamos, aunque ya no sigamos jugando, vamos a cazar algo - me dijo con una sonrisa de apoyo pero con una desilusión en su mirada.
-Ok - fue lo único que atiné a decirle y guardé la pluma en un bolsillo del pantalón. Nos encaminamos hacia el bosque donde encontramos varios osos muy salvajes, gracias a mí, por lo que mi tío Emmet no se sintió mal a final de cuentas y logramos quedar completamente satisfechos.
Al regresar a casa….
Mi madre de nuevo leyendo esos libros de shakespeare, le apasionaban mucho las historias que ese sujeto había escrito… su favorita era la de Romeo y Julieta.
-Somos tu padre y yo - me decía con una hermosa sonrisa mientras hacía un dibujo en lienzo de mi padre, vestidos ambos con esos trajes de la época medieval. Los dos de hermosas facciones y blanca tonalidad. Su figura sigue siendo la de una niña de entre 18 y 21 años de edad y mi padre figura la edad de un apuesto chico de no más de 22 años. Creo que cuando "nació" tenía unos 18 años. Aún me son confusas las respectivas historias de mis padres, y no se digan de mis abuelos y tíos quienes han decidido no tener hijos por el momento. No me enoja para nada el hecho de que me hayan elegido para ser su hija ya que lo considero un honor, pero no sabía que esta vida podía ser extremadamente aburrida y agobiante.
-Madre, ¿me darías permiso de recorrer el mundo? - Yo sabía que a mi madre le aterraba la idea de separarse de mí, además, tenía miedo de que yo infringiera nuestra ley… más bien la ley que estableció mi abuelito Carslile de no alimentarnos de sangre humana. Sí era difícil cumplirla, ya que oler esa tibia y llameante sangre, corriendo desenfrenada por las venas de las personas, como huyendo, hacían que se me hiciera agua la boca, sin embargo al ser mezcla de "eso" otro, como que lograba contener mis ansias de cazar. Mi padre aún no me creía preparada para asistir a la escuela y que interactuara con otros chicos de mi… bueno… con otros chicos que tenían la edad que yo aparentaba. Todos teníamos cosas que fácilmente nos diferenciaban, las pocas características que lograban hacernos pasar por familiares eran nuestros ojos y nuestra tez pálida con esas espantosas ojeras, que no importaban mucho ya que no lograban opacar la belleza que nos regalaba… bueno…aún no sé porque se nos dio el don de la belleza y la verdad no eh profundizado en el asunto, lo único que sé, porque mi tío Jasper me lo dijo, fue que éramos atractivos para los ojos de nuestras presas. "Lástima que no los cacemos" pensé.
-¿Por qué quieres viajar? ¿No estás a gusto aquí? - Me preguntó mi madre preocupada mirándome impresionada con esos ojos ambarinos que destellaban sensualidad. Si fuera un hombre humano creo que me estuviera derritiendo por esa mirada la cual no tiene efecto sobre mí. Había detenido su costura de alta calidad, ya que en tanto tiempo, pudo perfeccionar sus habilidades para muchas cosas.
-No mamá, es sólo que… -
-Estás aburrida - Mi padre, un hombre completamente guapo se acercaba grácil mente hacia el costado derecho de mi madre quien de sus ojos ambarinos centellaron amor al tenerlo cerca. Como siempre, mi padre había terminado lo que yo había empezado a decir. A veces no me gustaba que supiera lo que estoy pensando, era… algo incómodo.
-¡Papá!- Lo regañé con las claras intenciones de jugar un rato. - ¡Sabes que no me gusta que leas mi mente! Eso es de muy mal gusto. - Mi sonrisa delataba mi engaño por lo que mi papá, con una sonrisa maliciosa entrecerró los ojos tratando de ahondar más en mis pensamientos… o… por lo menos eso supongo.
-Por lo menos no tienes a ningún enamorado - Me dijo sonriéndome más como burla que como juego- Era de esperarse… aún eres muy joven para esas tonterías. - Mi padre era completamente accesible y sabía escucharme, pero a veces, para jugar y hacerme enojar, tomaba esa actitud tan… humana… de los hombres de los siglos pasados.
-¿Tonterías? - Repuso mi mamá con una sonrisa tratando de pasar como dañada por ese simple comentario. - Pues cuando andabas tras de mí no eran tonterías…- guardó unos segundos de silencio mientras sus grandes ojos se posaban en los expectantes de mi padre los cuales cada vez que la tenía cerca, sin poderlo evitar, flameaban de pasión. Al parecer un placer que para mí era muy inusual para mí padre era de completa satisfacción al hacer enojar a mi mamá, esperando su siguiente reacción, ya que mi madre era la única persona a la cual no podía leerle sus pensamientos. ¡Suertuda ella!
Los minutos fueron pasando… como si fuera de real importancia… pero no soportaba verlos así, tan melosos… y sólo nosotros tres… sentía como si hiciera un mal trío o algo por el estilo, por lo que para llamar su atención, hice un sonido con mi garganta.
-¿Y si la mandamos a la escuela?- Preguntó mi papá una vez que salió del embelezo provocado por mi madre, haciendo esa pregunta con una mirada emocionada la cual rápidamente se me contagió.
-¿Es enserio?- Si mi corazón latiera supongo que estaría velozmente palpitando.
-Mmmm…. ¿estará lista? - esa pregunta fue echa de mi madre para mi madre. Por lo regular cuando le preocupaba algo, hablaba consigo misma, encerrándose en su burbujita, pero siempre estaba mi papá presente para atraerla a nosotros.
-Mi amor… - le dijo con un susurro al oído, tan lento y sensual que hizo que mi mamá se ruborizara un poquito. - ¿Quieres que…. - lo demás fue incomprensible para mí. Siempre que mi papá le susurraba algo a mi mamá a tal velocidad que yo no podía entender, porque aún no dominaba bien las nuevas habilidades del oído, mi mamá se ponía nerviosa y me miraba constantemente como si me hubiera enterado de un secreto que nunca debía de haber oído.
-¡Cariño! No digas eso- Le dijo dándole un delicado golpe en el hombre completamente ruborizada logrando que mi papá se llenara de éxtasis al tenerla así ante él.
-Saben que no me gustan que hagan eso… - dije mientras cruzaba mis pálidos brazos- Por lo menos no cuando yo esté presente- Mis padres se regalaron miradas cómplices seguidos de risas maliciosas por parte de mi padre y risas nerviosas y entusiasmadas por parte de mi madre.
-Mañana veremos lo de tu escuela - Comentó mi mamá regresando al tono sereno que tenía momentos anteriores.
-Pero tienes que prometer mantenerte al margen y tomar sólo cuando estés acompañado de algún familiar vegetariano - Ese chiste no me hacía gracia de ninguna manera, pero como era un chiste estipulado desde mi abuelito, yo sólo tenía que seguirle la corriente.
-Sí, lo sé - les dije mientras sonreía y salía de la habitación. Al salir, me encontré con mi tía Alice que era con quien más me llevaba. -Hola tía - le saludé efusivamente - ¿Sabes la buena nueva? - Su mirada inexpresiva y tranquila me hizo recordar que a ella no le afectaban muchas cosas ya que sabía con anticipación que sucedería - Ah…. No me digas - le detuve antes de que dijera palabra - Ya lo sabes - le dije con un claro tono de decepción.
-No, ¿Qué pasó, Rose? - Me preguntó mintiendo para hacerme sentir mejor, por lo que entrecerré mis ojos mientras la miraba con un claro toque de "Ya sé lo que haces" pero aún así, le contesté.
-¡Voy a ir a la Preparatoria! - Mi tía sonrió y me extendió su abrazo.
-Estoy muy feliz por ti Rose, entonces ya sabes lo demás - Afirmó mi tía tranquilamente mientras me soltaba de su abrazo y me miraba. Ella era muy sobre protectora, no tanto como mi mamá, pero lo era, decía que como mi mamá siempre ha llamado a los problemas, soy una posible candidata a tomar su lugar.
- ¿Lo demás? - Pregunté bobamente. Al ver mi expresión de sorpresa, mi tía comenzó a incomodarse.
-¿Edward no te lo mencionó?
-¿Qué cosa? - Pregunté preocupándome cada vez más.
- Alice - Le llamó mi papá. "Salvada por la campana" pensé mientras ella ligeramente, como bailarina, volaba en dirección a la habitación de donde yo había salido, no sin antes haberse despedido con una leve sonrisa y una expresión de disculpa en sus ojos.
¡Genial! Ahora me había quedado con la curiosidad de saber que es "lo demás".
Ya que me encontraba en mi cuarto, comencé a jugar con una pelotita de tenis que tenía mi tío Emmet. Uno de mis talentos era que no necesitaba tocar las cosas para moverlas, yo utilizaba algo llamado Telequinesis. Obviamente mi control sobre los objetos aún no estaban bien estructurados, solo podía mover objetos pequeños como pelotas, piedras, televisores pequeños, etc…
-No tiene caso que le dé muchas vueltas al asunto - me decía a mi misma mientras hacia mover de un lado para otro la pelotita
- Vamos Rosemeir, ¡arriba ese ánimo! - Era mi tío Emmet, siempre tan efusivo. Él era un chico muy corpulento pero muy entretenido.
-Los tengo arriba - dije en un tono sorpresivo ya que me había tomado en mis momentos de meditación, haciéndome perder el control de mi pelotita la cual fue rebotando hasta llegar a sus pies.
- Wow! No te quiero ver con los ánimos en el suelo - dijo riéndose de su propio chiste el cual sólo me hizo esbozar una sonrisa. - Vamos, voy a cazar y quería saber si querías acompañarme - Me preguntó mientras tomaba la pelota del suelo y la apretaba cuidadosamente entre las palmas de sus manos haciendo sobresalir un poco sus músculos. A mi tío siempre le gustaba presumir su musculatura.
- Mmmm… está bien, además, como dentro de poco voy a ir a la preparatoria, supongo que debo de estar satisfecha para entonces. - Esperaba que mi tío se sorprendiera ante mi comentario pero…
-Ok, entonces está decidido, vamos - me dijo mientras salía de mi habitación.
¿¡ACASO ESTABAN LOCOS!? ¿Ahora ya todo mundo tenía el poder de mi tía Alice? ¿o era acaso que mis padres ya se lo habían comentado a todo mundo sin darme el placer de comentarlo yo? ¡Era Inaudito!
Me levanté de mi cama y me dirigí hacia la salida de la gran mansión donde mi tío Emmet me esperaba con impaciencia y un brillo espectral en sus ojos negros, turbios por la excitación de la caza. A mi familia, más a mis tíos Jasper y Emmet, les gustaba salir a cazar conmigo, ya que gracias a "esa" mordida logré obtener poderes de cacería más instintivos que ellos y encontraba a los osos más feroces que se encontraban en los alrededores del bosque de Goat Rocks. Algo que era de ley para nosotros tres, era jugar carreritas, la emoción y agitación de la carrera nos hacía entrar en calor más rápidamente para la cacería. Al salir de la mansión mi tío se puso en posición.
-¿Lista para que te gane? - Me pregunto con una sonrisa en sus labios.
-Ja! Ya lo veremos tío, la última vez gané yo. - Le dije poniéndome en posición a un lado de él. Mi tío soltó un gruñido y echamos a correr.
Íbamos a mitad del camino cuando me llegó un olor extraño, dulce pero turbio por lo que me desvié del camino.
-No se vale tomar atajos - Me gritó mi tío Emmet - ¡Aún así te voy a ganar! - Me volvió a gritar, regresando su atención al camino. En mi caso, me había desviado hacia donde provenía ese olor. Corrí y corrí hasta llegar a un claro bosque en donde se encontraba un gran árbol en medio de toda esa "nada". Yo permanecía sobre las ramas de un árbol, escondida de la luz del sol porque mi abuelita Esme me había advertido de no dejarme tocar por el sol mientras no estuviera con ellos. Agudicé mi vista tratando de encontrar ese olor tan extrañamente divino. Mi frustración iba cada vez en aumento, no podía percibir nada más que ese extraño olor.
-¿Por qué estás hasta allá arriba? - Escuché una voz de varón que provenía desde las raíces del mismo árbol en el que estaba parada. Giré velozmente mi vista para hallarme con unos ojos encantadores color azul turquesa, llenos de transparencia y amor, pero al verlos detenidamente se miraban turbios y preocupados. - ¿No me vas a hablar? - Preguntaba ese chico con voz suave mientras se sentaba en la base del árbol y cerraba sus ojos y en un segundo yo ya me encontraba enfrente de él, parada a un árbol de distancia, completamente inmóvil, respirando lentamente para tratar de confirmar si él era el que despedía tan grato aroma. - Hola - me saludó al momento que esbozaba una cálida sonrisa y me miraba otra vez con esos ojos turquesas. -Me llamo Kieth - Se presentó al ver que yo no hacía ningún movimiento. - Tú te llamas...-
-Rosemeir Cullen - No sabía porqué le había contestado, pero… él se había presentado primero… era normal que yo también lo hiciera… ¿o no?
- Que bonito nombre Rose -
- No te permito que me digas Rose - Le señalé con un tono de disgusto en mi voz- Sólo se lo permito a mi familia.
- Ya veo… entonces te llamaré Rosemeir. - Su sonrisa me estaba conquistando, sentía raramente que quería ahogarme en su abrazo y un extraño deseo cruzó por mi mente… se me había antojado besarlo…
Al tener el poder de la seducción por ser vampiro, no había ningún problema en conseguir ese beso, por lo que utilicé todos mis medios para hacerlo caer pero él ni se inmutó.
-No es tan fácil como crees- me dijo mientras me sonreía, siempre guardando esa distancia que había puesto al bajar del árbol - No soy chico fácil - me dijo con una sonrisa juguetona y retadora. Sabía bien a qué se refería, ya que obviamente él se había percatado de mi intento de seducirlo, el cual, supongo que lo hice terrible para que se hubiera dado cuenta. Mi tía Rosalie se iba a sentir muy decepcionada cuando le cuente que no lo pude atraer. *sigh* Solté un suspiro al pensar en cómo se iba a poner mi tía Roselie y por esa pequeña distracción, no me di cuenta de cuando se había puesto detrás de mí.
- Eres mucho más bonita en persona - Su aliento era cálido, casi podría decirse que me quemaba mi lóbulo izquierdo, pero esa voz tan suave y seductora hicieron que una energía electrizante recorriera mi espina dorsal. ¡Mi tía Rosalie iba a estar más decepcionada que nunca si le decía que quien ahora jugaba a seducir era él! ¡No! Definitivamente de esto no se iba a enterar mi tía.
-¡ROSE! - oí que gritaban mi nombre - ¡ROSE! - y ahí estaba de nuevo, era mi tío Emmet que me buscaba, me giré para advertirle a Kieth de mi tío pero éste ya no estaba. Había comenzado a pensar que quizás fue mi imaginación pero a mis pies vi un pluma, quizás de algún pájaro que pasó por ahí. - ¡Rose! ¿Dónde demonios te habías metido? Tú sabes que tu padre me mata si te pasa algo- me dijo dándome una palmadita en la cabeza en forma de castigo y de consuelo al mismo tiempo.
- Lo siento tío, es que...- dude un momento en comentarle lo ocurrido a mi tío, él no era el indicado de enterarse primero - de pronto se me fueron las ganas - mentí tratando de mirar a otra parte.
-Entiendo… pero debes de beber algo… si no tus padres no te dejarán ir a la escuela… tú quieres ir o ¿me equivoco?
-¡Claro que quiero ir!- dije un poco molesta por aquel comentario
-Pues vamos, aunque ya no sigamos jugando, vamos a cazar algo - me dijo con una sonrisa de apoyo pero con una desilusión en su mirada.
-Ok - fue lo único que atiné a decirle y guardé la pluma en un bolsillo del pantalón. Nos encaminamos hacia el bosque donde encontramos varios osos muy salvajes, gracias a mí, por lo que mi tío Emmet no se sintió mal a final de cuentas y logramos quedar completamente satisfechos.
Al regresar a casa….

2 comentarios:
me confundo, la parte anterior era el segundo capitulo?, osea que leo este y luego el otro? ando perdido jaja por cierto tienes algunos errores leves en la redacción, como por ejemplo donde dice "pensé que habia sido un sueño pero vi UN pluma..." pero te digo son leves
ammm se me olvido, el programa se llama digsby y lo bajas de digsby.com
Publicar un comentario